lunes, 29 de septiembre de 2008

La parada

El vagón está a punto de detenerse cuando, al otro lado de la ventanilla, ve a la muchacha. Le desconcierta no saber cuál puede ser su edad. Viste como una chica de veinte, pero fijándose en su cara se da cuenta de que no debe tener más de trece o catorce. La puerta del vagón se abre justo frente a ella. Está recostada sobre una de esas barras metálicas, los pies colgando un palmo por encima del suelo, como una atleta de barra fija que se hubiese hecho un descanso en su ejercicio. Todo esto lo ha percibido en un segundo. Los sentidos de su cuerpo parecen haberse puesto de acuerdo para acelerar su ritmo, para trabajar diez o veinte veces más rápido. Por eso no se sorprende cuando, nada más descender, con la bolsa de la compra en la mano, le ha preguntado si le acompaña. Ella le ha observado sin extrañeza, como si fuese un tío o un amigo de la familia el que pronunciase aquellas palabras, al que hubiese estado allí aguardando. Entonces se ha incorporado sobre la barra y lo ha seguido. Han subido las escaleras que llevan a la calle. Sus pupilas se han contraído al mismo tiempo bajo la luz de este luminoso día de otoño.

Al llegar al portal ella se ha quedado detenida. Él ha temido, durante un instante, que pudiera volverse atrás. Temeroso por su indecisión la ha mirado. Ella ha dicho 'todo esto es muy abstracto'. Sencillamente. Entonces ha escuchado su voz. Una voz de muchacha. La voz con la que hablaría la belleza, si la belleza pudiera revestirse de carne. Ha asentido. Ha abierto la puerta y ella le ha seguido, como si su aquiescencia bastase para disipar sus dudas y convencerla de que diese el paso definitivo.

Ha abandonado la cama. Ella, todavía desnuda, parecía fatigada. El placer casi se había retirado por completo, lo suficiente como para poder asegurar que había sentido un placer inmenso y que sólo ahora empezaba a ser descriptible. Su piel era tan frágil que todavía le sorprendía que no se hubiese roto al estrujarla contra la suya. 'Ahora debes marcharte', le ha dicho, intentando poner en sus palabras a un tiempo la determinación y la suavidad considerada de un amante satisfecho. Ella ha seguido inmóvil. Ha repetido la frase y ella se ha girado para mirarlo en silencio. Él ha empezado a sentir su belleza desparramada sobre la sábana como una amenaza. 'Tienes que irte', ha insistido. Y ella ha hecho aflorar algo a su mirada, algo que a él de alguna manera ya le resultaba previsible, algo que ya había experimentado sin saberlo en algunas de sus pesadillas. Y, abriendo sus labios apenas, como si fuese el instrumento de una fuerza ajena a los límites que demarcaba su cuerpo, ha respondido: 'Ni lo sueñes. Yo vine aquí para quedarme'.

Sencillamente.

9 comentarios:

Ibrahím Berlín dijo...

Fresy Cool Shit, bro!

Pedro Pergamo dijo...

Gracias por responder de forma tan hermosa y certera a mi pregunta. En la muy inspirada última parte me he visto metido de lleno en uno de esos cuadros post-coitales de Lucian Freud, agotado y después perplejo de no haberme muerto e integrado en el todo de un ataque de belleza.

Y si, que se quede, que se quede, no tengamos miedo, lancemos al triste miedo por la ventana como si fuéramos Carmen Maura en ‘Mujeres’, convencidos de que el miedo no existe y que su influjo era una alucinación, la alucinación del vértigo a la nada, esa nada que ya está vencida desde que somos.

Y fracasemos alevosamente en el vano intento de fracasar, de revestir el arte de tristeza y melancolía. ¡Si! que se quede la belleza, y la alegría, y la sabiduría y hasta la mal vista felicidad, y hagamos una enorme y perpetua bacanal, y que cargue con las culpas el que crea que existen las culpas, esas sucedáneas del miedo, pues la belleza y todas esas sus compañeras no temen ni esperan nada, sencillamente…

son, sencillamente.


Vaya vaya, no se quien inspira a quien, me voy a ir pensando esto de seguir siendo espíritu, quizá yo si que debo irme, quizá no encajo escribiendo estas cosas aquí (sorry, un desahogo).

Esther dijo...

eso por jugar con niñas

Pedro Pergamo dijo...

Mucho prejuicio y cortas miras veo por arriba y por abajo, hay que entender la puñetera metáfora y si no no opinar a la ligera. La chica es la belleza, o una musa, como se prefiera, y mi enterpretación es que tiene esa edad es porque es pura e inocente y a la vez tremendamente poderosa, y sobre todo, sobre todo: bella.
Uno de los últimos libros de García Marquez fué polémico por algo similar, a lo que yo si fuera autor (y hautor)como ambos respondería algo así como: Yo escribo lo que me da la real gana, que para eso soy libre, que las mentes estrechas son igualmente libres de opinar y ecribir lo que quieran también.

hautor dijo...

Querido Pedro, creo que lo de Esther sólo es un guiño humorístico; o al menos así me lo he tomado yo. Faltaría más... que cualquier (h)autor hable de lo que y cómo quiera, aunque es cierto que el mundo está lleno de seres humanos a los que les resulta difícil distinguir entre realidad y ficción. ¿Será que la realidad se parece cada vez más a la/una ficción?

Pedro Pergamo dijo...

Ah, mil perdones entonces a Esther, no me manejo mucho en esto de los blogs, soy apenas un lector desde hace pocos meses, y sobre todo, que me he topado con tanto eunuco emocional que al final pago con justos confundiéndolos con leñadores (o como se diga).

Y sobre tu pregunta, no se la verdad, es muy, pero que muy posible que la respuesta sea afirmativa, así lo percibo yo muchas veces, la realidad y la ficción viven el mismo mundo y se alimentan de lo mismo, sueños. Aunque sobre la realidad la cita que más escamado siempre es esta de Rilke: "La realidad es una cosa lejana que se acerca con infinita lentitud al que tiene paciencia", la frase debe de ser tan real que no desespero y trato de armarme de paciencia para comprenderla de verdad algún día.

Esther dijo...

Será que la realidad es pura ficción.

...entendido el guiño Hautor, sobran las palabras :-)

Antonio Aguilar dijo...

Cada vez me gustan más tus entradas. Creo que estás llegando a un espacio nuevo, el de la sencillez y la complejidad simultáneas, el que por otro lado ya habías transitado, qué hermoso el texto de la sombrilla en Italia y ahora este.

hautor dijo...

Pues sí, Antonio, has captado un apartado importante de mi 'evolución'. Al principio la frase de Lezama 'sólo lo complicado es excitante' era mi emblema. Ahora intento hacer la síntesis con aquella otra que dice 'make it simple, stupid'.