
El documento como algo asociado siempre a la descripción de la realidad, como icono e índice de lo real. Todo lo contrario de lo que ocurría en la exposición de Fontcuberta. Una puesta en duda de la misma noción de documento, un trabajo que parte de una concepción tecnológica distinta, la de la fotografía digital. Fontcuberta llena los salones de la Virreina con 'fantasmas', imitaciones desviadas de la realidad, auténticos 'Fakes' como los del astronauta ruso Ivan Istochnikov desaparecido en el espacio, que deja un mensaje de despedida dentro de una botella vacía de vodka.

Fontcuberta es capaz, entre otras cosas, de crear un maravilloso mundo de estrellas y constelaciones a partir de los restos del impacto de insectos en el parabrisas. Salgo del Palau a la luz de Barcelona, paseo entre esos otros simulacros que son los hombres-estatua de las Ramblas. Imposible creer en la anábasis.
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