miércoles, 21 de abril de 2010

Resonancias de José Luis Brea y Martín Rodríguez-Gaona

Pienso en el tema muy a menudo. El tema son las redes sociales y la poesía. Hace poco que he leído dos libros que tratan el tema, conjuntamente o por separado. Los dos tienen títulos largos. Son Las tres eras de la imagen: Imagen-materia, film, e-imagen y Mejorando lo presente, poesía española última: posmodernidad, humanismo y redes. El primero es obra de José Luis Brea y el segundo de Martín Rodríguez-Gaona. Puedo decir que los dos me han parecido espléndidos. El libro de José Luis Brea es un auténtico manual de la imagen, un libro luminoso, lleno de ideas estimulantes, un libro de los que a mí me gustan, de los que te hacen levantar la cabeza del texto al menos dos o tres veces cada página; pero, sobre todo, se trata de un libro escrito con una prosa brillante (algo infrecuente en tantísimos libros de ensayo). No sé si es porque el tema me toca en lo más íntimo (del pensamiento), pero esta obra de José Luis Brea me parece radical e imprescindible, como un sistema de coordenadas plantado en el centro de los discursos acerca de la imagen. No estoy de acuerdo con todo lo que dice este libro, desde luego. No lo estoy, por ejemplo, con la loa a la transparencia, a la visibilidad absoluta como una especie de mesianismo político y estético. No en lo político, al menos. La visibilidad es una especie de pharmakon derridiano, de indecidible que incorpora un aspecto salvífico indisolublemente unido a un rostro de control biopolítico. A veces lo que es bueno para la estética no es bueno para la política, y viceversa (Platón sabía mucho de esto último). En cuanto al libro de Rodríguez-Gaona, me parece uno de los estudios más fiables y acertados de la poesía de los últimos años, algo así como un corte epistemológico en el flujo de la poesía española. Faltan nombres, desde luego, pero que alguien me muestre una antología (y este libro es, desde luego, mucho más que una antología) donde no ocurra lo mismo. Me interesa, sobre todo, de este libro el análisis final acerca de los caminos hacia donde transita o puede transitar la poesía actual. Y esto emparenta con mi inquietud inicial, la que daba o pretendía dar origen a este post. Hay partes del libro de Martín que, me parece, guardan relación con otros de los del libro de José Luis Brea. Ambos libros tratan de las redes virtuales, como se muestra en este par de fragmentos:

coalición 2.0: (pequeña) teoría de las multitudes interconectadas

... nada de ello se estabiliza, nada cobra cuerpo simbólico, nada cristaliza en la forma de una identidad cumplida y cerrada, en la clausura de un nombre propio. No, esto no escenifica una u otra identidad colectiva fijable, no es el nombre de un Sujeto de la Historia trascendente y autónomo, recursivo, anclado a una u otra bioterritorialidad -aquí no hay nada de nación, de etnia, de clase, de unidad de destino en la historia, nada de todo eso-. No: aquí no hay más que un momento de giro, una economía de afectos censada por lo inaprensible de un tiempo intensivo, el requiebro de un puro dibujo aéreo que reúne y dispersa en décimas de segundo una multiplicidad indeclinable de movimientos autónomos conjugados, de trayectorias convergentes en instantes de negociación magnética, de líneas de vidas cruzadas que son, a cada momento y simultáneamente, líneas de fuga. (Las tres eras de la imagen)

La red en este aspecto simplemente amplía tecnológicamente el tradicional boca a boca que tan determinante ha sido en la industria del libro y en la esfera política. No se debe de dejar de tener en cuenta, por lo tanto, que el paso del siglo XX al siglo XXI representa la transformación de mercados de producción masiva a otros de producción personalizada, una circunstancia irrenunciable para la industria editorial y la institucionalidad literaria. (Mejorando lo presente, poesía española última)

Y esto me lleva de nuevo al tema del principio, al hecho de que, como afirma Martín, los poetas tengan (tengamos) que 'producir' de manera personalizada a nuestros lectores en medio de la decapitación creciente de los discursos críticos legitimadores que predominaban hasta ahora (crítica de suplemento, discurso universitario, etc) y su proliferación a través de portales especializados, blogs... Está claro que el oficio poético se ve mezclado y contaminado con una política de la amistad/afectividad que convendrá no perder de vista (Eloy Fernández Porta es quizás una de las antenas privilegiadas que se erigen en este dominio). Me consuela darme cuenta de que Martín Rodríguez-Gaona no sólo no olvida la lectura solitaria del libro de poesía, sino que la cree necesaria. De hecho, dicha lectura solitaria se impone como el objetivo último de todo el juego social de legitimaciones y seducciones que implica la red social. Puede que sea éste un terreno lleno de equívocos y arenas movedizas, pero que sin duda se extiende ante nosotros, a un tiempo, como un territorio colmado de sugerentes oportunidades.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

En la entrevista con Bértolo en el blog de Ibrahim el director de Caballo de Troya citaba a Brea como uno de sus críticos de referencia por lo que las resonancias que bien expones no son de extrañar. En su blog Mi reino por un caballo, caballodetroya.megustaescribir.com se encuentran algunos post que van en la misma dirección.Me ha gustado el libro de Rodríguez Gaona aunque echo en falta algunos poetas en su panorama.
Matías.

Alberto dijo...

Hola Javier, a mí lo de Rodríguez Gaona me parece un libro necesario, en tanto que abre un importante camino para una renovación conceptual en nuestro universo poético. Por otra parte, a mí sí me parece una nómina interesante y representativa del panorama actual. Poetas todos importantes e interesantes. Ahora bien, en lo que discrepo -y por eso digo que es un libro que abre nuevas discusiones- es en algunos aspectos teóricos. Por ejemplo: la lectura un tanto errada, tendenciosa -e infundada- del Ortega de la deshumanización del arte, al que acusa de cosas ajenas totalmente al filósofo. E igualmente el concepto un tanto difuminado de postmodernidad, que no me convence. Creo que hay demasiado juicios apresurados. No sé, es mi primera impresión del libro.
abrazos
alberto

hautor dijo...

Desde luego, Matías. Yo también echo a algunos autores en falta. Pero eso es algo que me ocurre (nos ocurre a todos, supongo) en todas las antologías. La postmodernidad, Alberto, es un asunto peliagudo, se mire como se mire. Lo interesante, desde luego, es que haya discusión, tanto en el caso de un libro como del otro. Creo que hay materia en ambos para ello.