lunes, 3 de marzo de 2008

Máquina proustiana

El caballo de madera que llevaba en su interior a los aqueos y con el cual lograron vencer a los enemigos troyanos, he ahí el prototipo de máquina proustiana. Odiseo en su interior recopilando datos, tomando notas al albur de las conversaciones escuchadas a los ciudadanos en la gran explanada donde reposa el enorme caballo de madera. Imaginemos una variante de la versión homérica. Odiseo demora día tras día la orden de ataque. Así permanece durante meses, incluso años, aplicado a su tarea de recolectar información. Pasado el tiempo, aprovechando la oscuridad de la noche, Odiseo abandona al fin su escondite y desciende a tierra. A la mañana siguiente un rumor corre de boca en boca entre los troyanos. En el centro de la plaza un aedo hasta ahora desconocido pregona, no las aventuras de dioses ni héroes civilizadores, sino las pequeñas peripecias que trenzan la vida cotidiana de cada uno de ellos: rencillas, envidias, infidelidades... Ese poeta de acento extranjero sería una especie de genius loci que por alguna maravillosa razón tendría acceso a sus pensamientos, a sus anhelos más secretos. Se habría producido algo así como el nacimiento de la novela.

5 comentarios:

Tucuman 846 dijo...

O de los programas del corazón, sin magdalenas, jeje

Hautor dijo...

Confiemos en el talento narrador de Odiseo, que lo tenía, ya lo creo que lo tenía.

Tucuman 846 dijo...

No de otra cosa se enamoraron Circe o Nausicaa, es cierto.

Odiseo más que un aventurero es un fantástico narrador de historias; podríamos dudar de los sucesos que nos narra (él es quien cuenta cómo sucedieron las cosas, y puede permitirse omitir, alterar, modificar o ser explícito en lo que desee -no otra cosa es la literatura-), pero jamás dudaremos de que esas historias nos sigan siempre atrayendo, recuperadas de nuevo en cada nueva narración, en cada palabra por él pronunciada.

Hautor dijo...

Efectivamente, el de Odiseo es el método anti-Rashomon. No hay más versiones de los sucesos, al menos que nos hayan llegado. Por ello puede permitirse mentir (algo que le va muy bien al personaje, por cierto). Me recuerda a la película "El hombre que nunca estuvo allí", de los Cohen. Una aproximación homérica mucho más afortunada que la otra -también de los Cohen- de "Oh, brother".

Un saludo.

Tropovski dijo...

Excelente post y excelentes comentarios.

Creo que hoy, una vez más, me acostaré temprano: decídselo a Odiseo de mi parte.

;)