domingo, 23 de marzo de 2008

2'666

He aquí un fragmento extraído de una carta de P. Valéry a Pierre Louÿs:

Te miras en el espejo, gesticulas, sacas la lengua... Bien. Supón ahora que un dios maligno se divierta en disminuir insensatamente la velocidad de la luz.

Estás a cuarenta centímetros de tu espejo. Primero recibes tu imagen después de 2'666... milésimas de segundo. Pero el dios se ha divertido concentrando el éter. Y ahora tú te ves después de un minuto, un día, un siglo, ad libitum.

Te ves obedecer con retraso. Compara esto con lo que sucede cuando buscas una palabra, un nombre "olvidado".

Este retraso es toda la psicología, que se podría definir paradójicamente: lo que ocurre entre una cosa... ¡y ella misma!


Y naturalmente a uno se le ocurre asociar esa extraña cifra (2'666) a la novela de Roberto Bolaño. ¿Conocía Bolaño este texto de Valery? A falta de ese dato, pensemos simplemente en la poligénesis. Y en cómo podemos interpretar la obra de Bolaño a partir de esta cita del autor francés (y viceversa). Pensemos en Arno von Archimboldi, el autor alemán, uno de los pilares de 2666. Pensemos en "la parte de los críticos" y "la parte de Archimboldi" como el reflejo (la crítica) y el modelo (el autor) de los que habla Valéry. Y la novela como ese tránsito temporal, la demora imprescindible entre el yo (Archimboldi) y la imagen de ese yo (los críticos). Una no coincidencia temporal (decalage, diría un francés), un abismo abierto entre el yo y su percepción. La conciencia como metáfora de ese decalage, como manera de suturar ese hiato diabólico. La escritura de 2666 como ingente digresión a partir de ese hiato, del mal.

3 comentarios:

Ibrahím Berlín dijo...

Dado que siempre que se habla del título de 2666 se hace sobre especulaciones —hasta donde yo sé: sobre el referente en Amuleto (el célebre desierto de 2666) y aquel otro de Los detectives salvajes («Y Cesárea apuntó una fecha: allá por el año 2.600. Dos mil seiscientos y pico. Y luego, ante la risa que provocó en la maestra una fecha tan peregrina, risita sofocada que apenas se escuchaba, Cesárea volvió a reírse, aunque esta vez el estruendo de su risa se mantuvo en los límites de su propia habitación.»)—, a mí me gusta pensar que en realidad no es más que una “falsa pista” que deja adrede el detective Arturo Belano, narrador de la novela según apunta Ignacio Echevarría en su nota a la primera edición. Desde mi óptica, el título se aproximaría más al referente de Los detectives: en efecto, sería una fecha “peregrina”; quizá incluso sea una muestra más del carácter jocoso de Bolaño. La cuestión es: ¿cómo es posible que nadie supiese nada concreto sobre el significado del título? No sé, no sé.

Sea como fuere, tu hipótesis me parece interesante. Me alegra que se vayan acumulando las pistas sobre el título.

Por cierto, ¿viste la adaptación de Teatre Lliure? Estuvo este mes en Madrid. A mí me pareció un gran acierto, aunque obviamente hubiese partes como la de los crímenes donde la interpretación de la novela fuese del todo libre, por no decir descaradamente equivocada, en aras de los recursos teatrales. Pero esta es otra cuestión, vaya.

Un abrazo.

Hautor dijo...

Sí que vi la adaptación (por cierto, que lo de las naves del Matadero le iba muy bien a la temática de la obra y al sufrimiento de los espectadores). Salvo algunos hallazgos, me pareció soporífera. Naturalmente la culpa no la tiene Bolaño, sino la dificultad de adaptar un texto narrativo -como es éste en particular- al teatro. Y lo que comentas de "la parte de los crímenes", bueno, me pareció con mucho lo peor de la obra.

Tucuman 846 dijo...

Curioso es esto de volver de vacaciones y encontrar referencias de las que uno ha estado hablando estos días; y es que Joseda va ya por la cuarta lectura (sin método abreviado-reiterativo) de la novela de Bolaño. Seguro que nos sorprenderán sus opiniones.