sábado, 27 de septiembre de 2008

San Jerónimo en su escritorio



El escritorio es un mueble de madera colocado sobre el enlosado de la catedral. Reposa sobre un estrado al que se accede por tres peldaños y comprende fundamentalmente seis casilleros cargados de libros y de diversos objetos (sobre todo cajas y un jarrón), y una superficie de trabajo, la parte plana de la cual sostiene dos libros, un tintero y una pluma, y la parte inclinada el libro que el santo está leyendo. Todos sus elementos son fijos, es decir, constituyen el mueble propiamente dicho, pero además sobre el estrado hay un asiento sobre el cual está sentado el santo, y un arca.

El santo se ha descalzado para subir al estrado. Ha dejado su sombrero de cardenal sobre el arca. Está vestido con un hábito rojo (de cardenal) y en la cabeza lleva una especie de solideo igualmente rojo. Está muy derecho en su asiento, y muy lejos del libro que está leyendo. Sus dedos se han deslizado entre las hojas, como si estuviera simplemente hojeando el libro, o como si necesitara repasar fragmentos anteriores de su lectura. Encima de uno de los estantes, frente al santo y muy por encima de él, se erige un minúsculo Cristo crucificado.

A un lado de las estanterías están colocadas dos páteras austeras, y sobre una de ellas hay una tela que quizás es un amito o una estola, pero lo más verosímil es que se trate de una servilleta.

En un saliente del estrado hay dos macetas con plantas, una de las cuales quizá es un naranjo enano, y un gatito atigrado cuya postura invita a pensar que se encuentra en estado de sueño ligero. Por encima del naranjo, sobre el tablero de la superficie de trabajo, hay una etiqueta fijada que, como casi siempre en Antonello de Messina, reproduce el nombre del pintor y la fecha de realización del cuadro.

A cada lado y por encima del despacho, se puede uno hacer una idea del resto de la catedral. Se encuentra vacía, si exceptuamos a una león situado a la derecha y que, con una pata en el aire, parece dudar en venir a molestar al santo en su trabajo. En el cuadro de las altas y estrechas ventanas de arriba, aparecen siete pájaros. A través de las ventanas de abajo se puede contemplar un paisaje ligeramente accidentado, un ciprés, varios olivos, un castillo, un río con dos personajes que están remando y tres que pescan.

El conjunto puede verse por una vasta abertura ojival apoyada por un pavo real y una avecilla rapaz que posan complacientemente junto a un magnífico barreño de cobre.
Todo el espacio se organiza por entero alrededor de este mueble (y el mueble se organiza por entero alrededor del libro): la arquitectura glacial de la iglesia (la desnudez de su enlosado, la hostilidad de sus pilares) queda anulada: sus perspectivas y sus verticales ya no delimitan el único lugar de una fe sublime, sólo están presentes para dar al mueble su escala, permitirle su inscripción: en el centro de lo inhabitable, el mueble define una espacio domesticado que los gatos, los libros y los hombres habitan con serenidad.


Georges Perec (Especies de espacios)

7 comentarios:

Pedro Pergamo dijo...

San Jerónimo, lector de Dios, fiel traductor e interprete de la palabra de Dios (eso dice Wikipedia), ¿qué te llama de él? ¿el cuadro y su autor?, por cierto ¿autor del cuadro?.Quizá representa al hombre que ordena, que dentro del mundo trata de esclarecerlo, de hacerlo comprensible, ¿de explicar el caos del porque Jesús-Cristo vino un día?, primero la cueva, después yo…

¿o todo es Georges Perec y su descripción, todo forma?, se me explique please…

Anónimo dijo...

PP, eres un espíritu la mar de inquieto. Todo lo quieres saber. Pues algo tiene que ver con lo que dices de la traducción de la palabra de Dios. Se trata de un juego de espejos. El juego catadióptrico sería el siguiente:

palabra de dios->San Jerónimo->Antonello de Messina->Georges Perec

La pregunta sería... ¿Qué queda de la escritura divina en las palabras de Perec? ¿Serán las palabras de Perec las que está leyendo San Jerónimo en el libro abierto sobre su escritorio?

Pedro Pergamo dijo...

Una respuesta a ambas preguntas la obtendríamos partiendo de la hipótesis de que efectivamente esas palabras de Perec son las que lee el santo, junto a una ilustración de Antonello de Messina en su estudio pintando un bello cuadro de alguien que lee…, y también estas palabras tuyas y mias estarán en ese libro en alguna de las páginas siguientes, y la escritura divina no tendría palabras entonces, sencillamente flotaría en todos estos espacios.

Y con esa hipótesis me quedo, pues es la más bella. Y hablando de belleza, si que soy inquieto si, supongo que soy –o trato de ser- como una especie de “Sherlock House” que quiere averiguar siempre las ideas que hay detrás de todo, porque en mi opinión tan bellas son las ideas como las palabras de Perec, los cuadros de Messina, el cine de -por ejemplo- Capra o la carrera que acaba de ganar Alonso cuando menos lo pretendía, las ideas son el espíritu de las cosas, y como espíritu que soy simpatizo con mis iguales.

Y al hilo de esto:

¿Qué es más bello amigo Hautor…?

¿la belleza?

¿…o de la belleza la idea?

Anónimo dijo...

Respondo a tu pregunta con un cuento. Espero que te guste, PP. Eres tan espiritual que, casi, casi, te me estás convirtiendo en musa.

Joseóscar dijo...

Gatos y libros: ah.

Joseóscar dijo...

Ah: placer, quiero decir.

Anónimo dijo...

I presume, Tropovski.