viernes, 1 de enero de 2010

De simulacros

PRIMERA ITERADA

Me viene a la cabeza la frase de los hermanos Lumière tras la primera exhibición de su invento, ese tren entrando en la estación de Ciotat y causando el pánico entre los espectadores.




Tras ver aquello, los hermanos pensaron que aquel era un invento sin futuro. Con la perspectiva de los años nos sorprende sin duda esa frase que nos parece completamente alejada de los designios de la realidad. Me pregunto por qué los Lumière profirieron esa frase en apariencia tan desafortunada. No creo que fuera por el pánico desatado entre los espectadores, emoción a la que siempre se le puede sacar beneficio empresarial. Creo que se referían más bien al régimen de la imagen cinematográfica. Dicha imagen es la copia en primer grado de la realidad, algo que para un ciudadano de la época probablemente suscitaría poco interés. Resultaría anacrónico pensar que cierto tipo de arte documental pudiera interesar a alguien a finales del siglo XX. Es la ficción la que se alía de inmediato con el invento, dando lugar a las películas de Méliès:



SEGUNDA ITERADA

Unas cuantas décadas más tarde, desmentida ya de plano la frase de los Lumière, podemos contemplar imágenes como las de Cindy Sherman:



En esta fotografía es la propia Cindy Sherman la que posa imitando a Marilyn Monroe. Estamos, por tanto, ante la copia de una copia, un escalón más arriba o más abajo (si lo examinamos desde el regimen platónico de las imágenes) en el escalafón escópico de la realidad. A esto es a lo que normalmente llamamos simulacro. Este régimen de la segunda copia puede suscitar en el espectador algún género de dudas. Uno podría confundir a Cindy (a la que posa en la imagen) con la propia Marilyn. Incluso podría darse el caso de que alguien llegase a pensar que la de la imagen es la auténtica Marilyn y qué ésta que aquí aparece, por ejemplo, no es sino una mala impostora:



TERCERA ITERADA

Pues bien, algo parecido es lo que ocurre en el último libro de Daniel Kehlmann



cuando un famoso actor empieza a hacerse pasar por sí mismo en un espectáculo de dobles (sin lograr demasiados buenos resultados) y acaba siendo reemplazado en su vida cotidiana por uno de ellos. Alegoría de un tiempo en el que los simulacros se imponen a los originales. Esta historia, incluida dentro del libro de Kehlmann, me recuerda a aquella otra de Henry James en la que un pintor debe retratar a una familia aristocrática para un libro de ilustraciones. Dicho pintor intenta sin éxito llevar al lienzo a una pareja de aristócratas caídos en desgracia. La pose no llega a ser todo lo veraz que él desea. Entonces, de casualidad, aparecen un par de personajes del servicio que acaban imitando a los anteriores y con los que el pintor queda plenamente satisfecho. El relato de James es estupendo, al igual que el de Kehlmann.

4 comentarios:

Vicente Luis Mora dijo...

Semiótico te veo en el nuevo año, Javier. “La investigación semiológica se propone reconstruir el funcionamiento de los sistemas de significación distintos de la lengua de acuerdo con el proyecto propio de toda actividad estructuralista: el proyecto de construir un simulacro de los objetos observados”, Barthes, Elementos de semiología.
Un fuerte abrazo y feliz año.

hautor dijo...

Pues sí, Vicente. He pasado el fin de año rodeado de Barthes, Rosalind Krauss, Fernando R. de la Flor y Jose Luis Brea. Aunque ahora mismo mi prioridad es convertir en un simulacro inocuo un virus estomacal que me tiene postrado. En tales circunstanias se agradece más que nunca tu visita. Que Barthes&Cía me den fuerza.

Un abrazo grande, y que el año sea ídem.

luna dijo...

Javier, se ha muerto Lhasa.

:(

hautor dijo...

Joder, Luna. Menudo mazazo. Acabo de mirarlo en internet. No levantamos cabeza.

Feliz año, si se puede.