sábado, 2 de febrero de 2008

Warhol y el demiurgo




Ya hablé alguna vez de ese mito gnóstico según el cual el mundo se originó debido a un error en la copia de la palabra divina por parte de un torpe demiurgo. No hay que descartar, por tanto, las ventajas creativas del error. Las últimas investigaciones científicas parecen demostrar (no olvidar tomar esta palabra en su acepción metafórica) que el origen de nuestro universo estuvo motivado por una falta de simetría entre las partículas y las antipartículas que poblaban la sopa primordial e indiferenciada. A nadie extrañen las semejanzas entre las cosmogonías míticas y las "demostraciones" científicas. Warhol es una especie de demiurgo del arte contemporáneo. Recordemos esas series de serigrafías donde aparecen mínimas variantes del rostro de Marilyn o de Liz Taylor. ¿Son estas copias "errores" sucesivos a partir del "original"? La pregunta verdaderamente inquietante sería la siguiente: ¿Y si sólo existiesen las copias, si cada copia presupusiese una copia precedente? Entonces pueden ocurrir dos cosas. O bien una variante plástica del juego del teléfono roto, es decir, la caída (demiúrgica) en el ruido insignificante, en el caos formal, o bien la milagrosa convergencia hacia una forma definida, una imagen sublime que no puede explicarse a partir de los pasos sucesivos y previos que apuntan hacia ella. Según esta teoría, la verdadera Marilyn no es la que vemos en las fotografías o en sus películas, sino aquella que se nos aparece como proyección y último límite de las warholianas serigrafías.

1 comentario:

Ibrahím Berlín dijo...

Eh, muchacho, acabo de enterarme de lo de La Garúa. Iremos ahorrando desde YA para hacernos con el diamante. Enhorabuenas!