miércoles, 8 de junio de 2011

Una recomendación

"El votante no quiere grandes hombres, atractivos, cultos e imponentes, no quiere gente subida a un pedestal, quiere políticos que se parezcan a ellos, que sean ellos. No quiere lo otro, quiere lo mismo. Es la ilusión democrática de la igualdad, o más bien del igualitarismo; es la perenne mentalidad pequeñoburguesa con su miedo a la alteridad, la exaltación de la identidad y la sustitución de la politica por una manera de estar, por un talante. Nadie debe despuntar, por eso no hay nada más satisfactorio, nada que alimente más la fantasía del pueblo llano, que derribar a cualquiera que sobresalga en su pedestal, humillar y hasta despreciar. La cultura no es cool, la inteligencia no está de moda, la admiración es un sentimiento despreciable que ha sido sustituido por la envidia. Lo que prima es la picardía y los corrillos de influencia. Se admira la astucia y la falta de escrúpulos, la mezcla de ambición y carencia de cualidades".


Raúl Eguizábal, El estado del malestar (capitalismo tecnológico y poder sentimental)

domingo, 5 de junio de 2011

El balcón I

Me asomo al balcón. Me fijo una vez más en ese azulejo que dice que los Reyes Católicos transitaban hace cinco siglos por el salón de mi casa. Más o menos por la misma época el Cardenal Cisneros se asomó a mi balcón (o al balcón que precedió al mío, o al anterior del anterior) y señaló con el dedo extendido a sus tropas apostadas en la Plaza de la Paja al grito de ‘éstos son mis poderes’. No recuerdo el motivo ni a quién se lo dijo, pero es que la historia está hecha de olvidos. La historia al parecer está llena de gente asomándose a los balcones y señalando acontecimientos con el dedo. Yo estoy en mi balcón contemplando la jardinera de la que brotan los geranios. Nunca he sabido si las jardineras hay que colgarlas por dentro o por fuera de los balcones. Es una duda que me acucia. Miro los balcones de los vecinos. En todos, las jardineras cuelgan de la parte de adentro. En todos menos en uno. Esta falta de unanimidad me llena de desconsuelo. La luz del sol se refleja en la pared de la Iglesia de San Andrés y me obliga a entornar los párpados. Me asomo a la terraza de la Plaza de los Carros y veo las mesas ocupadas por los clientes. La superficie metálica de las mesas lanza destellos. A esta distancia el efecto es parecido al espejeo de las olas bajo la luz de un mediodía de agosto. Y en el centro de la ola, quiero decir, de la terraza, veo al actor Jordi Mollà. Está solo. Lleva un jersey de tonos ocres y el pelo peinado hacia atrás. Mollà va con gabardinas (en invierno) y en general viste como si siempre hiciera frío. A mí Mollà me parece muy elegante en la vida real. Me extraño cuando veo una película en la que sale Mollà y llueve y es invierno y no lleva gabardina. Entonces me digo que ese actor no se parece en nada a Mollà. Aquí, en la vida real, Mollà lee algo. Me protejo de la luz usando la mano a modo de visera, como un vigía encaramado a una carabela. Es un puñado de folios sujetos con canutillo, así que debe ser un guión. Dan ganas de bajar y sentarse a la mesa de al lado y echar un vistazo por encima de su hombro para averiguar de qué va la película, para aconsejarlo. A lo mejor es un guión de Greenaway, o de Almodóvar. Yo creo que Mollà quedaría bien en una peli de Almodóvar. Eh, Almodóvar, ¿por qué no llamas a Mollà? Otra cosa es que Mollà quisiera actuar en una peli de Almodóvar. Tendría que llevar una gabardina roja o verde moco y ser gay o estar a punto de serlo o haberlo sido o, más meritorio, ser un gay encerrado en un cuerpo despampanante de mujer que solo se enamora de hombres a los que repugna la sola idea del coito anal. Una catástrofe. Hay algo que me fascina de Mollà, y no son sus ojos o la facilidad con la que encuentra mesa en la terraza de la Taquería del Alamillo, no. Lo que me fascina es que un catalán viva en Madrid y sea feliz. Cuando veo a Mollà me parece un hombre satisfecho, adaptado al barrio y a la práctica habitual del castellano. Aunque siempre cabe la sospecha de que, como buen actor, finja a la perfección el papel de catalán residente en Madrid y sin embargo feliz. Se le mire por donde se le mire, Mollà me sigue pareciendo un enigma.

jueves, 2 de junio de 2011

Cadenas de búsqueda


amor

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muerte

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¡Oh, muerte!, ¿dónde está tu victoria?

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lunes, 30 de mayo de 2011

Firma en la FLM


Este sábado día 4 a partir de las seis y media de la tarde estaré firmando ejemplares de Alma en la caseta de Lengua de Trapo, es decir, en la número 339, junto a la entrada de O'Donnell (O'Donnell es un nombre que me gusta mucho. Debería haber más calles con ese nombre). Se agradecerá la presencia y el saludo. No hay por qué comprar el libro. Ningún libro. También se puede dar de comer a las ardillas de El Retiro (sigue habiendo ardillas en El Retiro?).






sábado, 21 de mayo de 2011

'Alma' en CTRL+ALT+SUPR

Enlazo la columna de Agustín Fernández Mallo de esta semana en El Cultural. Valoro sobremanera la generosidad de Agustín al hablar de mi obra en una columna que no suele tratar de libros. Tampoco pretende ser una crítica literaria. Es la opinión de un autor sobre otro autor. Nada más -y nada menos- que eso.


jueves, 19 de mayo de 2011

Seamos jacobinos

Valle-Inclán decía que había que instalar una guillotina en la Puerta del Sol. Como en tantas otras cosas Valle-Inclán era un visionario. Aquí nunca tuvimos nuestra guillotina, como mucho un garrote vil para castigo de bandidos y homicidas. En este país ni el aristócrata ni el político ha tenido nunca nada que temer del pueblo y eso ha sido decisivo en nuestra historia. Ya lo creo. La mayor aportación de Francia a la humanidad no ha sido el borgoña ni la postmodernidad sino la guillotina. Los políticos se acostumbraron a no responder ante el pueblo sino ante una justicia demasiado blanda con sus desmanes. Siempre pensé que la tarea política era de una responsabilidad insuperable, una especie de monacato, algo que no tiene nada que ver -salvo la rima consonante- con el boato ínsito al oficio que se exhibe en la actualidad. Claro que, al parecer, la política ha vuelto a sus orígenes, a la calle. Los políticos profesionales no parecen darse cuenta de que han quedado fuera de juego, que la política no son esos mítines preprogramados de velódromos y plazas de toros que se exhiben encapsulados en los telediarios como un triste espectáculo. La política ha vuelto increíblemente a las plazas. Pero esta revuelta haría mal en centrarse solo en pedir cambios electorales y olvidarse de la justicia. Hay que imponer justicia severa contra los políticos corruptos, pero también contra ciertos empresarios, economistas, etc. Llamemos a las cosas por su nombre, dejemos de usar palabras como 'sistema' o 'mercados'. Es necesario poner nombres a la ignominia. Seamos, al menos, discretamente jacobinos.

jueves, 12 de mayo de 2011

Presentaciones


Este viernes 13 presentaré mi última novela Alma en el centro cultural La Azotea, de Murcia, a las ocho y media de la tarde. Me acompañarán, además del editor Fernando Varela, Alfonso García-Villalba y Alejandro Hermosilla. Y, de oca a oca, el lunes 16 habrá presentación en la librería Tipos Infames de Madrid, a la misma hora. Allí estaré arropado por Carlos Pardo y Luna Miguel. No seáis desalmados. Nos vemos entre libros y vinos.