sábado, 13 de julio de 2013

Nuevo menadismo

Quisiera aquí reflexionar acerca de esas imágenes supuestamente escandalosas que han ganado en protagonismo a los toros en los últimos San Fermines, las de esas chicas con los pechos al aire encaramadas a hombros de jóvenes y siendo tocadas por la masa. Algunos, ante la visión de tales imágenes, hacen saltar automáticamente el resorte de la 'violencia de género', es decir, se convierten en marionetas en manos del ventrílocuo de lo políticamente correcto. Me parece una simplificación extrema que deja fuera de juego muchas de las cuestiones que merodean a las imágenes y que, creo, constituyen su contexto social y simbólico.  

San Fermín es sin duda un atavismo, una fiesta donde los toros, la sangre, el alcohol y el sexo constituyen los ingredientes principales. Algo así como una bofetada contra el decálogo de lo políticamente correcto que exige diversión sin ebriedad, sexo sin asomo de perversión y toros pastando felices e indemnes entre las flores.  No sé lo que tiene que decir el discurso postfeminista acerca de esas chicas que se dejan sobar gozosamente las tetas en medio del delirio. ¿Son una aberración dentro del ‘género’? Si quemar sostenes en plaza pública se convirtió en el súmum del feminismo no parece que dejarse tocar los pechos vaya por el mismo camino. ¿O sí? Si yo fuese periodista ardería en deseos de entrevistar a una o varias de esas chicas. Probablemente sean mujeres cultas, con una licenciatura en ciernes. Tal vez tengan algo que decir. ¿Están arrepentidas? En caso contrario,  ¿qué gozo dionisíaco experimentan estas ménades del siglo XXI? Yo deseo comprender, no juzgar. Creo, a propósito de estas recidivas de ‘menadismo’, que estas imágenes de San Fermín nos retrotraen a algo ancestral. En un momento histórico de predominancia de lo virtual, brotan síntomas que parecen dar cuenta de un movimiento opuesto, la apuesta carnal y háptica por antonomasia, el éxtasis de ser tocado/a por la masa. Cada mano que se cierne sobre esa teta es un 'me gusta' de carne y hueso.





miércoles, 29 de mayo de 2013

Problemas de montaje

Dios eligió a su pueblo no por motivos soteriológicos sino meramente productivos. El ojo del amo engorda al caballo o, dicho de otro modo: el efecto Hawthorne. Los trabajadores vigilados producen más y mejor que los que campan sin un objetivo cerca. La religión es un sistema de vigilancia. Dios te ve, ergo haz más y mejores cosas y recibirás a cambio un paraíso. La ausencia de fe conduce a la incuria y la falta de eficacia. Un hombre sin dios vaga perdido y nihilista y, lo que es peor, no produce. Pero alguien encontró la solución, el remedio a las penas profetizadas por Nietzsche. Dios  murió, es cierto, pero lo suplen con magníficos resultados las cámaras de vigilancia. La conciencia es una cámara que apunta hacia nosotros mismos. El yo es un guardia jurado atribuido de uniforme y porra y, para paliar el aburrimiento, una manoseada revista pornográfica. Al guardia le gustaría que todas esas imágenes que salen en la pantalla formasen parte de una película (a ser posible famosa). Al guardia jurado le encantan las tramas, una enorme ballena blanca que da vueltas alrededor de un barco. Todo eso. El hecho es que entre esa imagen de una chica que lo mira en el metro y la del jefe que lo putea a diario solo cabe el salto mortal de la metáfora. Habría que ser un maestro del montaje, un Tarkovski o un Malick, como poco. Pero él, pobre, no es más que un guardia jurado. Y la pornografía es su único paraíso.

martes, 14 de mayo de 2013

Dos gintónics y un culo (diálogo platónico)


-Los lenguajes son los compresores de la realidad. Está el códec inglés y el códec español y el códec chino. Así los objetos y las situaciones y los paisajes pueden encontrarse en la forma .es .fr o .ch. Existen compresores estupendos capaces de detectar todos los detalles y matices de eso que llamamos realidad y otros no tan buenos. Creo sinceramente que el español está muy desactualizado, que el compresor .es toma la realidad y la comprime y al descomprimirla uno lo ve todo pixelado y confuso.

-…

-Creo que el inglés o el chino son idiomas óptimos en el sentido de que se amoldan a una realidad cambiante, se adaptan al flujo. Un idioma plagado de monosílabos es una garantía de éxito. Los vocablos polisílabos son estatuarios, son bloques verbales de un tamaño desmesurado para una realidad hecha de fragmentos diminutos y mutables. Los polisílabos estaban bien para un mundo plagado de galeones y palacios imperiales y miriñaques. Un polisílabo es una roca arrojada a un río, un obstáculo si lo que uno quiere es fluir con él. Más bien deberíamos usar barquitos de papel. El español se ha convertido en un idioma egipcio. El español es un idioma hecho de jeroglíficos. El español solo sirve para hablar de un mundo que ya no existe.

-Y bien, ¿qué propones?

-La subordinación ayuda a paliar la naturaleza obsoleta del español, al igual que los paréntesis y las acotaciones, pero no es suficiente. Pienso en la verbalización de los sustantivos, un recurso poco explotado en nuestra lengua. Pienso en vocablos probabilísticos que de acuerdo a las circunstancias puedan servir como verbo, sustantivo o, incluso, determinante. Observa esta mesa, por ejemplo.

-…

-Esta mesa quiere decirnos algo. Sirve de soporte a nuestros gintónics. Tiene cuatro patas, constituye un contexto importante para nuestra conversación.

-Sin duda.

-Esta mesa es un sistema. Y nosotros formamos parte de él. Quiero decir que parecemos estar rodeados de gente mientras permanecemos sentados ante esta mesa delante de un par de copas manteniendo una conversación aparentemente inteligente. Pero eso no es todo. Coge esta copa, por ejemplo. Eso es. Ahora dime qué es lo que sientes.

-La noto fría. Diría que es una copa fría.

-Es una afirmación, de acuerdo. Algo concluyente. Pero, ahora te pregunto, ¿resulta fría respecto a qué? ¿Si estuviésemos en el Polo Norte o en un Ice bar sentirías lo mismo? Piensa en el contexto. Tal vez en el Polo Norte esta copa te parecería cálida. Toda apreciación es relativa. Solo tiene sentido si usamos un elemento de comparación. ¿Has tocado el culo de una mujer? ¿Has tocado el culo de una mujer en otoño o en primavera?

-Desde luego.

-¿Y qué ocurrió? ¿Notaste su temperatura? ¿Dirías que su tacto era cálido?

-Bueno… Tal vez era más bien frío.

-Sigues olvidando el contexto. El culo te parecería frío en relación al resto de su piel. Tal vez su vientre era cálido, y sus brazos eran cálidos, y su cuello seguramente era cálido. Pero su culo estaba frío. ¿Estoy en lo cierto?

-Diría que así es.

-Algo que demuestra que nada es esencialmente atribuible si no es en relación a otra cosa. Por tanto, ¿no sería más exacto decir, en lugar de  'esta copa está fría'
 
, que su temperatura te recuerda a la del culo de una mujer en un día de primavera?

-Puede ser.

-Sin lugar a dudas. Y ahí hemos tropezado con un asunto importante. Hablo de la relación entre las cosas como la única verdad disponible. Hablo de la probabilidad de que una copa sea en realidad un culo, y viceversa. Estoy hablando de la poesía.
 
                                  

domingo, 5 de mayo de 2013

Un poema de Masa crítica, de Francisco Alba


Anónimo

 

Tu dirección me la dio un poeta. Te escribo porque me gustas mucho, sigo tu blog y leo tus poemas. Eres una niña moderna.

Si me contestas puede ser el comienzo de una hermosa amistad secreta y deportiva. Tengo que decirte que paso de los treinta y cinco pero no llego a los cien y que llevo la barba afeitada.

Añado que no soy guionista y que jamás manejé una cámara de vídeo. No soy zurdo. Pero he leído filosofía por un tubo. Yo seré tu John Donne.

Toda nación necesita la tumba de un cadáver anónimo sobre la que dejar flores y baba. Yo soy ese cadáver. Nosotros calentamos el café en la llama eterna de esa tumba ridícula. Apagaremos esa llama como Gulliver el incendio del palacio.

¿Te parece lógico que Venus obedezca a unas leyes matemáticas? Pero no te confundas, no estoy enamorado.

Porque en el fondo me eres indiferente y además ni siquiera me conoces. Tengo que ordenar mi soledad. Si me declararas tu amor, te rechazaría. Olvida estas palabras que nunca se dirigieron a ti. No me interesas.

Contéstame, anda.

domingo, 28 de abril de 2013

¿To the wonder?


Admiro a Terrence Malick. Lo admiro porque en un mundo en el que el psicologismo impera en la definición de personajes y en el que –ya se sabe- si aparece una pistola en una escena es para dispararla en la siguiente o dos escenas más allá, este director trata a los personajes como si fuesen fuerzas de la naturaleza que actúan movidos por ímpetus irracionales y ajenos a cualquier psicología. En las películas de Malick alguien puede morir por un disparo sin que en ningún momento  hayamos visto la pistola. Todo eso y que lleve diez años rodando un documental sobre la historia del universo y que traduzca a Heidegger, ambas dos proezas incomparables. Aunque yo creo que para rodar un documental sobre la historia del universo hay que ser inmortal. Tal vez Malick lo sea y los demás no nos hayamos dado cuenta. Pues todo eso ocurre de nuevo en To the wonder. El espectador debe olvidarse del motivo de por qué actúan los personajes, debe olvidarse, de hecho, de que hay personajes y, casi casi, de que existe el tiempo. Malick nada en la eternidad como un pez en el agua. Cuando Malick pone la cámara frente a Ben Affleck el espectador debe experimentar la misma sensación que si enfocase a un canguro o una lechuga, la misma opacidad, la misma impenetrabilidad, el mismo aburrimiento. Eso sí, más guapo y con tatuajes. Hasta ahí de acuerdo. Lo que ocurre es que hasta los griegos hacían hablar a sus dioses de manera inteligible y bien trabada. El misticismo y la cursilería no es una mezcla recomendable, es como añadir huevo a la Coca-Cola, la cosa no queda bien por mucho que la agites. A veces el misticismo es la coartada perfecta para la pereza y la falta de ideas. Después de ver la película uno tiene la sensación de haber asistido a un larguísimo spot de Pepe Jeans. Solo hay que ver a la bellísima y bien vestida Olga Kurylenko dando provocativos saltos alrededor de la figura estólida de Affleck al menos durante la mitad del metraje, que es mucho. Eso sí, hay sexo.

sábado, 6 de abril de 2013

Gallinas de madera

Siempre hay retrocesos. En este momento, por ejemplo, se vive un período extraño. Es decir, que muchos de los novelistas que han sido muy revolucionarios se han convertido en autores comunes. Es como si el espíritu del cambio se hubiera terminado. Pero creo que este rasgo es pasajero. No obstante, hay algo en los jóvenes de lo que uno debe desconfiar. Algo que me parece peligroso. Muchos de ellos quieren ganarse el sustento con la literatura. Creo que eso es un grave error. Jesús dijo a los fariseos: “En verdad os digo, aquel que quiera ganarse la vida, la perderá”. Esta es una advertencia. Por otra parte si una literatura es verdaderamente nueva, tardará años en encontrar un público. Entonces, si el joven escritor de veinte años ya tiene esposa, hijos, un departamento, peces rojos, un gato, un perro, un coche, necesita obtener dinero para sostener todo eso.
 
                                                                                                       Mario Bellatin, Gallinas de Madera

miércoles, 27 de marzo de 2013

Manuel Vilas o la mística del sexo


Tienes que tragártelo mirando a los ojos del hombre, lo de menos es tragártelo, es una sustancia insípida, como comerse un estúpido caramelito de regaliz, eso da igual; lo más importante es que el hombre lo vea; el hombre que vea que te tragas su semen pasa a ser tuyo para siempre; pierde su alma y tú la ganas; pero tienen que verlo, a los ojos, míralos directamente a los ojos con fuerza y con perversidad; tienes que mirarles a los ojos en el momento en que te tragas su semen; debe haber mucha luz para que vean con claridad cómo te lo tragas; procura siempre  que haya muchísima luz, que entre la luz del sol o estén dadas todas las luces de la habitación; el hombre debe verlo con intensa claridad, jamás puede pensar que es una alucinación o una ficción; su conciencia de que te tragas su semen debe ser absoluta; tienen que ver tu impasibilidad y tu serenidad y tu lentitud en el trago, en el gran trago de su sustancia definitiva, en el gran trago de lo que son como especie, como realidad, como existencia; el día en que vayan a morir te verán a ti; no verán a sus amorosos hijos o a sus deliciosos nietos o a sus abnegadas esposas; no verán más que tus ojos, tu boca y tu lengua tragándose su semen, se irán al otro mundo con tu rostro en el pensamiento, esa es la gran fuerza del universo y tú gobernarás, estarás presente el día de su muerte; estarás presente el día de la muerte de todos los hombres; una rubia como tú que se traga el semen es un acontecimiento sobrenatural.
 
                                                                                              Manuel Vilas, El luminoso regalo