Por qué seguir escribiendo. Para
qué novelistas en tiempos de facebook. El religioso Joaquin de Fiore ya habló
en el siglo XII del advenimiento de una edad del espíritu en la que no
existiría la guerra y las palabras y las ideas fluirían sin rozamiento de una
boca a otra, de una mente a otra, por muy distantes que estuviesen la una de la
otra. Esa edad ya ha llegado. Monjes recluidos delante de sus pantallas,
compartiendo información, emociones, alabanzas. Por qué demorar la
gratificación inmediata de un ‘me gusta’ durante un año, quizás una década,
quizás hasta nunca. Un escritor sigue siendo de algún modo un disidente. Tal
vez no renuncie a la temporalidad breve del tweet o del estado pero mantiene su creencia en el medio plazo, en un organismo
que requiere el cuidado de años, que crece y es capaz de negarnos y,
finalmente, de abandonarnos. La fulguración ingeniosa satisface el ego cuando
encuentra respuesta, pero necesitamos creer que el calendario traerá algo más
que una sucesión de instantáneas más o menos merecedoras de aplauso. No solo el
acontecimiento, también buscamos la historia. Y la historia procede y avanza a
través de demoras y ocultaciones, pero sobre todo de resonancias y
repeticiones. Un escritor sabe (debe saber) que la visibilidad absoluta y la
inmediatez desmagnetizan su palabra. El escritor es un animal de penumbra.
Puede que aparezca como conectado, es cierto, pero eso no es sino parte del
juego de la ficción. Esa lucecita verde, como el iceberg, esconde un poso de
palabras que se buscan en la sombra. Lo subitáneo gravita alrededor de una
materia oscura que, metáfora del universo, conforma el grueso de la escritura.
domingo, 17 de noviembre de 2013
viernes, 1 de noviembre de 2013
La belleza de las armas
Todo un descubrimiento el de este autor estadounidense, Robert Bringhurst. Felicidades a Kriller71 y a los lectores que se hagan con él. Os dejo un poema a modo de cata:
DEMÓCRITO
I
Tener hijos es aún más peligroso,
dijo Demócrito, que comprar un espejo,
aunque extrañamente esa riqueza surja con facilidad —
una cama y dos libros,
pan y fruta y un par de zapatos duraderos.
A pesar del mal gobierno hacía buen tiempo,
pero después del corazón, lo primero
en agriarse es el agua.
La residencia de verano del demonio es el alma.
II
Lo que es no es más que lo que no es;
el es, sin avance sobre el no-es. El es
es no-es con ritmo.
Al tocar y girar, el no-es es el es.
No ser es fundamental. Así como el silencio es,
el no-es, es — durante, antes y después del sonido.
El no-es está en todas partes. En ti. Afuera.
La presencia no es más que la ausencia que marca el tiempo.
III
Aquello que se despega de lo que no tiene bordes, tiene bordes.
Se seca hasta ser luz, se enciende hasta ser fuego.
Juzgo que fuego y mente son
redondos, aunque el conocimiento sea siempre
asimétrico, como las hojas del olmo.
Nariz, ojos, orejas, lengua
y dedos son dedos — todos los dedos
que tantean en busca de huellas en el aire intermitente.
IV
Somos esos gigantes y con tanto esfuerzo estamos
aquí, meros contornos en el polvo y nuestras
sordas manos gritan tan alto.
La sangre diáfana, el hueso
diáfano, y tan pequeña se hace la verdad mientras se desmenuza y nada
dentro y fuera de los intestinos,
flotando a través de la red de la oreja, la red del ojo,
el tamiz de la palma de la mano.
V
Un hombre tiene que estar siempre listo
para morir, así como el sonido tiene que estar siempre listo
para el silencio. Hay, por supuesto, anhelos opuestos,
llamados información y música, pero llámenlos
risa o llámenlos beatitud,
un buen chiste es lo máximo que se puede pedir.
VI
Los ritmos incontables mundos
incontables — más en algunos sitios que en otros.
El movimiento, al examinarlo más de cerca, se revela
limitado a la reverberación y a la caída.
Nunca mires hacia abajo sin volverte.
Nunca vivas de espaldas a las montañas.
Nunca cosas una red de espaldas al mar.
VII
Así la tierra migra hacia el sur cada verano.
La mente cambia de plumaje en el norte como un pato silbador
y resurge, cazando o pastando, en otoño,
cabalgando el vendaval,
la mancha de la voz como una impresión de la mano a intervalos
en el cordaje desatado.
VIII
Casualmente, observarás,
dijo Demócrito,
que el águila tiene los huesos negros.
sábado, 13 de julio de 2013
Nuevo menadismo
Quisiera aquí reflexionar acerca de esas
imágenes supuestamente escandalosas que han ganado en protagonismo a los toros
en los últimos San Fermines, las de esas chicas con los pechos al aire encaramadas
a hombros de jóvenes y siendo tocadas por la masa. Algunos, ante la visión de
tales imágenes, hacen saltar automáticamente el resorte de la 'violencia de
género', es decir, se convierten en marionetas en manos del ventrílocuo de lo
políticamente correcto. Me parece una simplificación extrema que deja fuera de
juego muchas de las cuestiones que merodean a las imágenes y que, creo,
constituyen su contexto social y simbólico.
San Fermín es sin duda un atavismo, una
fiesta donde los toros, la sangre, el alcohol y el sexo constituyen los
ingredientes principales. Algo así como una bofetada contra el decálogo de lo
políticamente correcto que exige diversión sin ebriedad, sexo sin asomo de
perversión y toros pastando felices e indemnes entre las flores. No sé lo que tiene que decir el discurso
postfeminista acerca de esas chicas que se dejan sobar gozosamente las tetas en
medio del delirio. ¿Son una aberración dentro del ‘género’? Si quemar sostenes
en plaza pública se convirtió en el súmum del feminismo no parece que dejarse
tocar los pechos vaya por el mismo camino. ¿O sí? Si yo fuese periodista
ardería en deseos de entrevistar a una o varias de esas chicas. Probablemente
sean mujeres cultas, con una licenciatura en ciernes. Tal vez tengan algo que
decir. ¿Están arrepentidas? En caso contrario, ¿qué gozo dionisíaco experimentan estas ménades
del siglo XXI? Yo deseo comprender, no juzgar. Creo, a propósito de estas
recidivas de ‘menadismo’, que estas imágenes de San Fermín nos retrotraen a
algo ancestral. En un momento histórico de predominancia de lo virtual, brotan
síntomas que parecen dar cuenta de un movimiento opuesto, la apuesta carnal y
háptica por antonomasia, el éxtasis de ser tocado/a por la masa. Cada mano que
se cierne sobre esa teta es un 'me gusta' de carne y hueso.
miércoles, 29 de mayo de 2013
Problemas de montaje
Dios eligió a su pueblo no por motivos soteriológicos sino meramente productivos. El ojo del amo engorda al caballo o, dicho de otro modo: el efecto Hawthorne. Los trabajadores vigilados producen más y mejor que los que campan sin un objetivo cerca. La religión es un sistema de vigilancia. Dios te ve, ergo haz más y mejores cosas y recibirás a cambio un paraíso. La ausencia de fe conduce a la incuria y la falta de eficacia. Un hombre sin dios vaga perdido y nihilista y, lo que es peor, no produce. Pero alguien encontró la solución, el remedio a las penas profetizadas por Nietzsche. Dios murió, es cierto, pero lo suplen con magníficos resultados las cámaras de vigilancia. La conciencia es una cámara que apunta hacia nosotros mismos. El yo es un guardia jurado atribuido de uniforme y porra y, para paliar el aburrimiento, una manoseada revista pornográfica. Al guardia le gustaría que todas esas imágenes que salen en la pantalla formasen parte de una película (a ser posible famosa). Al guardia jurado le encantan las tramas, una enorme ballena blanca que da vueltas alrededor de un barco. Todo eso. El hecho es que entre esa imagen de una chica que lo mira en el metro y la del jefe que lo putea a diario solo cabe el salto mortal de la metáfora. Habría que ser un maestro del montaje, un Tarkovski o un Malick, como poco. Pero él, pobre, no es más que un guardia jurado. Y la pornografía es su único paraíso.
martes, 14 de mayo de 2013
Dos gintónics y un culo (diálogo platónico)
-Los lenguajes son los
compresores de la realidad. Está el códec inglés y el códec español y el códec
chino. Así los objetos y las situaciones y los paisajes pueden encontrarse en
la forma .es .fr o .ch. Existen compresores estupendos capaces de detectar
todos los detalles y matices de eso que llamamos realidad y otros no tan
buenos. Creo sinceramente que el español está muy desactualizado, que el
compresor .es toma la realidad y la comprime y al descomprimirla uno lo ve todo
pixelado y confuso.
-…
-Creo que el inglés o el chino
son idiomas óptimos en el sentido de que se amoldan a una realidad cambiante,
se adaptan al flujo. Un idioma plagado de monosílabos es una garantía de éxito.
Los vocablos polisílabos son estatuarios, son bloques verbales de un tamaño
desmesurado para una realidad hecha de fragmentos diminutos y mutables. Los
polisílabos estaban bien para un mundo plagado de galeones y palacios
imperiales y miriñaques. Un polisílabo es una roca arrojada a un río, un
obstáculo si lo que uno quiere es fluir con él. Más bien deberíamos usar
barquitos de papel. El español se ha convertido en un idioma egipcio. El español
es un idioma hecho de jeroglíficos. El español solo sirve para hablar de un
mundo que ya no existe.
-Y bien, ¿qué propones?
-La subordinación ayuda a paliar
la naturaleza obsoleta del español, al igual que los paréntesis y las
acotaciones, pero no es suficiente. Pienso en la verbalización de los
sustantivos, un recurso poco explotado en nuestra lengua. Pienso en vocablos
probabilísticos que de acuerdo a las circunstancias puedan servir como verbo,
sustantivo o, incluso, determinante. Observa esta mesa, por ejemplo.
-…
-Esta mesa quiere decirnos algo.
Sirve de soporte a nuestros gintónics. Tiene cuatro patas, constituye un
contexto importante para nuestra conversación.
-Sin duda.
-Esta mesa es un sistema. Y
nosotros formamos parte de él. Quiero decir que parecemos estar rodeados de
gente mientras permanecemos sentados ante esta mesa delante de un par de copas
manteniendo una conversación aparentemente inteligente. Pero eso no es todo. Coge
esta copa, por ejemplo. Eso es. Ahora dime qué es lo que sientes.
-La noto fría. Diría que es una copa fría.
-Es una afirmación, de acuerdo.
Algo concluyente. Pero, ahora te pregunto, ¿resulta fría respecto a qué? ¿Si estuviésemos
en el Polo Norte o en un Ice bar sentirías lo mismo? Piensa en el contexto. Tal
vez en el Polo Norte esta copa te parecería cálida. Toda apreciación es
relativa. Solo tiene sentido si usamos un elemento de comparación. ¿Has tocado
el culo de una mujer? ¿Has tocado el culo de una mujer en otoño o en primavera?
-Desde luego.
-¿Y qué ocurrió? ¿Notaste su
temperatura? ¿Dirías que su tacto era cálido?
-Bueno… Tal vez era más bien
frío.
-Sigues olvidando el contexto. El
culo te parecería frío en relación al resto de su piel. Tal vez su vientre era
cálido, y sus brazos eran cálidos, y su cuello seguramente era cálido. Pero su
culo estaba frío. ¿Estoy en lo cierto?
-Diría que así es.
-Algo que demuestra que nada es
esencialmente atribuible si no es en relación a otra cosa. Por tanto, ¿no sería
más exacto decir, en lugar de 'esta copa está fría'
, que su temperatura te
recuerda a la del culo de una mujer en un día de primavera?
-Puede ser.
-Sin lugar a dudas. Y ahí hemos
tropezado con un asunto importante. Hablo de la relación entre las cosas como
la única verdad disponible. Hablo de la probabilidad de que una copa sea en
realidad un culo, y viceversa. Estoy hablando de la poesía.
domingo, 5 de mayo de 2013
Un poema de Masa crítica, de Francisco Alba
Anónimo
Tu dirección me la dio un poeta.
Te escribo porque me gustas mucho, sigo tu blog y leo tus poemas. Eres una niña
moderna.
Si me contestas puede ser el
comienzo de una hermosa amistad secreta y deportiva. Tengo que decirte que paso
de los treinta y cinco pero no llego a los cien y que llevo la barba afeitada.
Añado que no soy guionista y que
jamás manejé una cámara de vídeo. No soy zurdo. Pero he leído filosofía por un
tubo. Yo seré tu John Donne.
Toda nación necesita la tumba de
un cadáver anónimo sobre la que dejar flores y baba. Yo soy ese cadáver.
Nosotros calentamos el café en la llama eterna de esa tumba ridícula.
Apagaremos esa llama como Gulliver el incendio del palacio.
¿Te parece lógico que Venus
obedezca a unas leyes matemáticas? Pero no te confundas, no estoy enamorado.
Porque en el fondo me eres
indiferente y además ni siquiera me conoces. Tengo que ordenar mi soledad. Si
me declararas tu amor, te rechazaría. Olvida estas palabras que nunca se
dirigieron a ti. No me interesas.
Contéstame, anda.
domingo, 28 de abril de 2013
¿To the wonder?
Admiro a Terrence Malick. Lo
admiro porque en un mundo en el que el psicologismo impera en la definición de
personajes y en el que –ya se sabe- si aparece una pistola en una escena es para
dispararla en la siguiente o dos escenas más allá, este director trata a los
personajes como si fuesen fuerzas de la naturaleza que actúan movidos por
ímpetus irracionales y ajenos a cualquier psicología. En las películas de
Malick alguien puede morir por un disparo sin que en ningún momento hayamos visto la pistola. Todo eso y que lleve
diez años rodando un documental sobre la historia del universo y que traduzca a
Heidegger, ambas dos proezas incomparables. Aunque yo creo que para rodar un
documental sobre la historia del universo hay que ser inmortal. Tal vez Malick
lo sea y los demás no nos hayamos dado cuenta. Pues todo eso ocurre de nuevo en
To the wonder. El espectador debe
olvidarse del motivo de por qué actúan los personajes, debe olvidarse, de hecho,
de que hay personajes y, casi casi, de que existe el tiempo. Malick nada en la
eternidad como un pez en el agua. Cuando Malick pone la cámara frente a Ben Affleck
el espectador debe experimentar la misma sensación que si enfocase a un canguro
o una lechuga, la misma opacidad, la misma impenetrabilidad, el mismo
aburrimiento. Eso sí, más guapo y con tatuajes. Hasta ahí de acuerdo. Lo que
ocurre es que hasta los griegos hacían hablar a sus dioses de manera
inteligible y bien trabada. El misticismo y la cursilería no es una mezcla
recomendable, es como añadir huevo a la Coca-Cola, la cosa no queda bien por
mucho que la agites. A veces el misticismo es la coartada perfecta para la pereza y la falta de ideas. Después de ver la película uno tiene la sensación de haber
asistido a un larguísimo spot de Pepe Jeans. Solo hay que ver a la bellísima y
bien vestida Olga Kurylenko dando provocativos saltos alrededor de la figura
estólida de Affleck al menos durante la mitad del metraje, que es mucho. Eso
sí, hay sexo.
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