miércoles, 6 de abril de 2011

Alma, restos de alas


Texto publicado originalmente en el blog de la editorial Lengua de Trapo.


"Alma nace como respuesta (es un decir, nadie empieza a escribir una novela para responder a una pregunta, no se escribe una novela como quien redacta un examen) a la pregunta por la intimidad y, por tanto, del sujeto. ¿Qué es lo que nos conforma? ¿Somos un álbum de fotos, las opiniones que de nosotros tienen los amigos y los enemigos, un perfil de Facebook? Quizás la intimidad no es aquello que creíamos. Quizás la intimidad ha dejado de ser un presupuesto para convertirse en una tarea que tiene que ver más con las palabras que con la salvaguarda de ciertas imágenes. Quizás la intimidad ya solo sea un reducto inencontrable salvo en los libros, un privilegio de escritores, un objeto precioso. Esta novela, como Rosas, restos de alas, de Pablo Gutiérrez, podría ser un libro de instrucciones (Cómo ser J. M., Cómo ser P. G.), los pasos a seguir para fabricarse un alma (un alma es, por ejemplo, un archivo de palabras e imágenes, una carpeta de ordenador organizada en categorías siguiendo un esquema tan absurdo como el de la enciclopedia china de Borges), un alma –casi- freeware, fotocopiable, a disposición de cualquiera. Esta novela, como se verá, responde sobre todo a una voluntad democrática. Por varios motivos:


1.- Todas las almas valen lo mismo, la del autor y la de los personajes.


2.- Lo minúsculo se equipara con lo trascendente. De hecho lo minúsculo es ascendido a la categoría de trascendente.


Por otra parte está la pregunta de si merece la pena seguir escribiendo ficción en un mundo que vive instalado en ella. Se ha hablado mucho sobre el tema y esta novela –qué esperaban- no es una respuesta definitiva, sino otra manera de reformular la pregunta.


Y, nunca insistiré lo suficiente, no, no soy el director de El País."

viernes, 25 de marzo de 2011

Richard Yates


He leído la novela de Tao Lin publicada por Alpha Decay. Puedo decir varias cosas acerca de ella. Que está bien escrita. Que es extraña. Y, sobre todo, que da mucho miedo. El miedo que sentí al leer El extranjero o American Psycho. Un miedo que es el peor de los miedos, porque es aquel que se mete en el cuerpo sin que uno se dé cuenta. Como el frío de una montaña o el gas en una mina, algo que puede hacernos perder los dedos de una mano o saltar por los aires. Pienso en Haneke. En Haneke lo importante no son las elipsis temporales. En Haneke lo que importa es la elipsis de los sentimientos. En esta novela ocurre todo lo contrario. Es un cóctel de nihilismo y sensiblería de parvulario. Hay mucha invalidez emocional en esta novela. Es como ver caminar a alguien sin brazos ni piernas. Revela que la adolescencia, como el abril de Eliot, es la edad más cruel. Que todos somos adolescentes (algo que ya intuíamos). Que la pureza es un campo de concentración. Es una novela cruel y hermosa. Te hace odiar al autor. Te dan ganas de compadecerlo. Te hace seguir creyendo en la literatura.

viernes, 4 de marzo de 2011

Remake


Remito enlace de la reseña del último libro de Agustín Fernández Mallo en revistadeletras.

El hacedor (de Borges), Remake.

viernes, 25 de febrero de 2011

Ida y vuelta



La videovigilancia posee un doble movimiento, uno centrífugo y otro centrípeto. El centrípeto: La diversidad del mundo adquiere unidad en la forma de un objetivo (la cámara o el ojo del vigilante) atento a nuestros movimientos, al contenido de nuestro equipaje o nuestra conciencia. Resulta en cierta medida placentero ser objeto de atención, dejar de ser onda (un fulano que trabaja y compra y duerme y desayuna tomates raft con aceite de variedad arbequina) para devenir corpúsculo bajo la lente monitorizada del vigilante. Estoy aquí, soy vuestro, tras miles de años de evolución y selección genética, éste es mi cuerpo, al alcance de la más moderna tecnología. El vigilado se presta a la vigilancia con la docilidad encubierta de un Edipo que quiere saber quién es en realidad. En lugar de ‘conócete a ti mismo’: ‘me conozco a través de vuestra mirada’. Durante unos segundos nuestra inocencia queda en suspenso. Bajo la lente vigilante todos somos potenciales criminales. A quién no le resulta excitante sentirse criminal al menos durante un momento. Casi tan emocionante como la posterior absolución en forma de ‘puede usted tomar su equipaje y seguir adelante’, ‘puede seguir conduciendo, está claro que no ha bebido’, ‘puede seguir apreciando el arte de estos cuadros ya que no parece querer llevarse a casa ninguno de ellos’. El centrífugo: el cuerpo captado por la cámara se desmaterializa. Un paseo por una calle de Madrid puede convertirse en un espectáculo gratificante para un antípoda sentado frente a su ordenador cansado de sortear con su pick up a los canguros. Nuestra imagen viaja a velocidad lumínica a través de cables de fibra, en un viaje de ida y vuelta hacia los satélites artificiales. El cuerpo se resuelve en ubicuidad, deja de ser material para convertirse en pura energía (el máximo exponente de esta transformación sería la estrella pornográfica) y, por tanto, se espiritualiza.

domingo, 6 de febrero de 2011

El discurso del rey

Ayer vi El discurso del rey. Está bien y tal. Es la película que uno hace para ganar un puñado de Oscars (más de dos y menos de cinco). Bienintencionada, con su poco de mala leche, con ese humor inglés que tanto nos gusta a los españoles. Lo que más me gustó de la película es la pared del logopeda. Hay una pared desconchada por la humedad, descascarillada por el tiempo y que parece haber sido pintada con todos los colores la escala cromática. Es como un cuadro de Pollock. ¿Existía el expresionismo abstracto en la década de los treinta? En ese caso (algo que ya sospechaba) el expresionismo abstracto es una redundancia. Esa pared es un enigma. O un símbolo. El único de la película. Eso sí, El discurso del rey ha aparecido en un momento muy oportuno. Es sociológicamente perfecta. La historia de un rey tartamudo que desea poder pronunciar un discurso y que se le entienda. Va genial con los tiempos que corren. Todos deseamos que el poder pueda expresarse, que deje de ser un ente huidizo y afásico, que se materialice ante nosotros para decirnos qué es lo que está pasando. Que estamos jodidos, básicamente. Pero queremos que nos lo digan, queremos que alguien aparezca delante de un micrófono o ante las cámaras aunque sea para pedirnos sacrificios. Es lo menos. Los espectadores salen de la película renovados, con la inconsciente esperanza de que algo así ocurra en la vida real. Y eso es lo que está pasando. Los políticos nos lo están diciendo. Y la película nos muestra que ese pequeño discurso que apenas dura dos minutos exige al gobernante un ímprobo esfuerzo, que debemos compadecernos de su rictus estreñido, que él preferiría jugar al polo o irse de caza o a esquiar, pero que aún así ahí está para mostrarnos la realidad desnuda porque es así cómo se hacen las cosas. Pobrecito.



sábado, 22 de enero de 2011

When you're Strange

Creo que los Doors son el mejor grupo de música de la historia. Sé que es estúpido establecer un escalafón sea cual sea el arte del que hablamos, pero el que esté libre de pecado que tire la primera piedra. Lo afirmo. Insisto. Ningún otro grupo puede comparársele. Precisamente porque eran algo más que un grupo de música. Los Doors eran imperfectos (la torpeza de Robby Krieger, la proverbial falta de técnica vocal de Jim Morrison) y eso forma parte de su perfección. La perfección, a quién le importa.
He visto When you're strange. No me ha gustado. No me gustó su formato historicista (esto ocurrió primero, esto después...), la insistencia en contextualizar el grupo en el momento histórico que les tocó vivir, en intentar desvelar si Jim mostró o no su miembro al público en Miami. Creo que un grupo así y una figura como Jim Morrison sólo se entienden desde el anacronismo. A los Doors sólo se les entiende desde William Blake, desde Rimbaud, desde la tragedia griega. Los Doors son un grupo antiguo, intemporal, quiero decir. Son el coro con el que el que habría soñado Esquilo. Creo que lo relevante en Jim Morrison no es su inteligencia y su sensibilidad sino su magnetismo animal y su naturaleza dionisíaca. No sé si alguien podrá hacer alguna vez un buen documental sobre los Doors. Creo que no, que son inexplicables. Que parte de la magia del grupo estribaba en la imposibilidad de dar un concierto tal y como entendemos esa palabra. Sus directos no eran recitales sino la domesticación imposible de la ebriedad de su cantante, el intento de tres músicos de poner orden en el desconcierto de las palabras. Uno no puede dejar de sentir esa tensión en cada uno de sus directos. Se siente la fascinación ante lo imprevisible, del mismo modo que uno asiste estupefacto ante un fenómeno de la naturaleza incapaz de someterse a un calzador de constantes y variables. Los Doors hicieron del grito su metafísica, antes de que el heavy llegara para domesticarlo.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Deseos de ser hácker

Reconozco que no me interesan demasiado las revelaciones de wikileaks, que considero que la mayoría de ellas son previsibles y que aportan más al comadreo que al verdadero debate político. Era lógico, eso sí, que en un mundo que pretende la visibilidad absoluta como mecanismo de dominio y control de almas y cuerpos, esta misma herramienta se volviese contra un poder que, si se caracteriza por algo, es por mantenerse alejado de los focos y de las cámaras que él mismo sostiene en su mano. Probablemente algo de sombra sea necesaria, no sólo para el ejercicio del poder, sino para la sencilla relación entre vecinos o amigos. Ciertamente nunca he deseado saber lo que mis amigos o vecinos digan de mí en privado siempre que pueda seguir tomándome una cerveza con los primeros y saludar cordialmente en el ascensor a los segundos. Creo que la subjetividad requiere asimismo de esa sombra, sombra que podemos denominar intimidad o vida privada o como queramos. El estado de visibilidad absoluta atacó en primer lugar a la parte más débil, a los sujetos individuales, a los viandantes y ciudadanos víctimas de cámaras de vigilancia y controles de alcoholemia y aeroportuarios. Ahora, en compensación, le toca a los centros de poder. Una por otra. Si pudiera elegir, elegiría un poco de sombra para todos, para el ciudadano de a pie y para el ejercicio del poder. Pero creo que eso no esta en mis manos, que la fuerza centrífuga se ha tornado centrípeta y que el objetivo de la cámara ha tornado a darse la vuelta para enfocar a las manos que la detentan. Como se dice, café para todos. O, más castizo: donde las dan, las toman. Es lo justo. Partiendo de mi objeción a los papeles de wikileaks, tengo que observar sin embargo, a partir de lo ya dicho, que no puedo estar de acuerdo con la estrategia de silenciamiento de dicha página ni con la prohibición de donar fondos a dicha organización a través de mastercard, visa o paypal. Parece ser que estos chicos tampoco: